La mañana.
La veo despertar, no sé porque, pero siempre despierto primero. Está desnuda y se levanta en busca de una camisa mía, se la pone y deja sus pechos a medio esconder. Esa figura me encanta. Me pide mate, tostadas, mermelada, me pide el desayuno y yo, precavido, ya compré todo la noche anterior a amarla. Voy y vengo, mi casa no es tan grande, ella duerme un poco más. Entro, la miro "redespertar", está despeinada, con los ojos a medio abrir, descuidada, desprolija, con mi camisa. Está bellísima.
José Antonio.
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